Salud y bienestar docente
El jueves 25 de junio, Madrid acogió el Primer Congreso de Colegios Capuchinos, un encuentro pionero que llevó por título “Salud y bienestar docente”. La jornada reunió a unos 200 docentes procedentes de los distintos Colegios Capuchinos de España, convocados en torno a un lema que situaba en el centro el cuidado integral del profesorado y su papel esencial en la misión educativa. El Congreso contó también con la presencia de varios Hermanos capuchinos y de representantes de otras realidades de la familia capuchina, como SERCADE y Capuchinos Editorial, cuya participación sumó voces a la reflexión conjunta sobre el cuidado y el bienestar docente, eje conductor de la jornada.
Desde el inicio, el Congreso encontró su propia identidad sonora y simbólica. Bajo la guía cercana y creativa de Alberto de Paz, músico y dinamizador del encuentro, tres asistentes eligieron tres notas musicales —la, sol y re— que, unidas a las palabras salud, bienestar y docente, dieron lugar a la Sintonía del Primer Congreso de Colegios Capuchinos.
Este gesto sencillo se transformó en un símbolo profundo: así como tres notas pueden entrelazarse para crear una melodía única, también estas tres palabras representan los pilares que sostienen la misión educativa capuchina. La salud como base imprescindible para cuidar a quienes cuidan; el bienestar como horizonte que permite trabajar desde la serenidad y la alegría; y el docente como corazón vivo de cada aula y de cada comunidad educativa.
A partir de aquí, la música acompañó todo el Congreso: presentó a los ponentes con melodías elegidas por ellos mismos, motivó, unió, hizo reír, incluso invitó a bailar, y se convirtió en un auténtico cuidado para el bienestar de todos a lo largo de la jornada.
Dr. Javier Urra: Educar como un bello reto
Javier Urra abrió su ponencia recordando que educar es un reto, pero un bello reto, que exige entrega, paciencia y una actitud capaz de transformar dificultades en oportunidades. Subrayó que el bienestar docente comienza en esa actitud: en cómo cada uno se sitúa ante la vida y cuida su propia energía.

Invitó a compartir la vida y a celebrar lo cotidiano —la familia, los amigos, los compañeros y compañeras— y reivindicó el sentido del humor como herramienta de cuidado mutuo, capaz de aliviar tensiones y generar vínculos auténticos.
Un momento señalado de su intervención llegó cuando retomó la idea musical del inicio para reflexionar sobre la diversidad. Urra recordó que, igual que en una composición cada nota aporta un matiz distinto, en las aulas conviven alumnos con ritmos, capacidades e historias muy diferentes. La misión del docente —subrayó— es acompañar a todos y a cada uno, cuidando sus procesos y circunstancias para que cada estudiante encuentre su lugar y pueda crecer plenamente.
Su mensaje final enlazó de forma natural con esa imagen: cada alumno aporta un tono único e irrepetible, y el docente ayuda a que esa diversidad se convierta en una armonía educativa donde todos puedan llegar a ser personas solidarias, críticas y felices.
D. José María Lana: El cuidado franciscano como camino de bienestar
La siguiente ponencia, la del Hno. Capuchino José María Lana, estuvo envuelta por la banda sonora de La Misión, cuya profundidad espiritual abrió un clima de silencio interior y escucha serena. Aquellas notas anticipaban el corazón de su mensaje: el cuidado como fundamento del bienestar docente.

El Hno. José María recordó que el cuidado debe ser integral, abarcando cuerpo, alma y dimensión espiritual. Cuidarse —dijo— no es un acto de egoísmo, sino de responsabilidad; solo quien se cuida puede cuidar de los demás. Ese equilibrio interior es imprescindible para sostener la vocación educativa en un mundo que a menudo exige más de lo que ofrece.
Desde el carisma franciscano, explicó que el modelo de cuidado para Francisco de Asís es la madre que ama y nutre: símbolo de ternura, cercanía y libertad. Francisco invita a relaciones horizontales y fraternas, donde cada persona es acogida desde su dignidad y fragilidad.
En este marco, destacó el Cántico de las Criaturas como un auténtico manifiesto del cuidado y de la ecología integral. Un texto nacido desde la vulnerabilidad del propio Francisco —ciego, enfermo y recluido— que expresa que el cuidado de la naturaleza es inseparable del cuidado de los seres humanos. El Cántico nos recuerda que somos interdependientes, necesitados de apoyo mutuo, y que la educación debe formar ciudadanos compasivos, capaces de construir convivencia, pertenencia y paz.
El Hno. José María presentó los pilares de una educación capuchina: una fraternidad que genera sentido de familia; vínculos de pertenencia que sostienen; una educación integral que acompaña emociones y vidas; una conciencia ecológica que entiende la naturaleza como parte de nosotros; la construcción de la paz a través del diálogo; la inclusión real de la diversidad —especialmente de quienes más apoyo necesitan— y el amor por el trabajo cotidiano realizado con sencillez, sin buscar reconocimiento externo.
A partir de estos fundamentos, propuso caminos concretos para llevarlos a la práctica: el aprendizaje cooperativo, los proyectos de aprendizaje-servicio, la eco-pedagogía, los talleres de interioridad y la pedagogía del ejemplo. Subrayó también la importancia de cuidar al propio docente mediante protocolos de acogida, espacios de calma, conciliación y formación en salud física y emocional.
Su intervención concluyó recordando que el cuidado —personal, comunitario, espiritual y ecológico— es la sintonía capaz de transformar nuestras aulas y nuestras vidas.
Y así, igual que las notas de La Misión envolvieron su presentación, el cuidado envolvió su mensaje, invitando a educar desde la sencillez, la alegría y la paz, acogiendo la diversidad de cada persona.
Café pedagógico: el Cántico hecho conversación
Tras la comida, el Congreso retomó su ritmo con un café pedagógico que mantuvo viva la sintonía franciscana del encuentro. Los participantes se distribuyeron en grupos según los elementos del Cántico de las Criaturas que les habían sido asignados: sol, fuego, agua, viento, hierba, amor, perdón, muerte… Cada elemento, símbolo de la espiritualidad de Francisco de Asís, se convirtió en punto de partida para reflexionar sobre el bienestar emocional y la importancia de cuidarnos y cuidar dentro de la comunidad educativa.
En estos pequeños grupos, los docentes compartieron experiencias, inquietudes y aprendizajes, reconociendo que, igual que en la naturaleza, cada elemento aporta algo único y necesario.
Fue un espacio cálido y cercano, donde la conversación fluyó con naturalidad y donde se reforzó la idea de que el bienestar docente no es un logro individual, sino una construcción colectiva.
Dª Marien Fernández: La fuerza interior del docente
La tercera ponente, Marien Fernández, fue presentada con la banda sonora de El último mohicano, una música que evoca valentía, conexión con la tierra y sentido de pertenencia. Su intervención se alineó de forma natural con el espíritu capuchino del Congreso: mirar hacia dentro para poder acompañar mejor hacia fuera.

Sintetizó el bienestar docente en cuatro pilares esenciales: el ánimo, para reconocer cuándo la energía baja y aprender a restaurarla; la motivación, para encontrar los motivos que impulsan cada jornada; el propósito, para recordar el sentido profundo de educar; y el compromiso, para sostener lo importante incluso en tiempos difíciles.
Cerró su intervención con una dinámica que dejó huella: buscar la propia “manada” sin hablar. La experiencia despertó atención, empatía y conexión, y recordó que el sentimiento de pertenencia es una necesidad humana básica. Un equipo que se reconoce y se cuida es capaz de sostener a cada uno de sus miembros.
Una actividad que reforzó el mensaje central del Congreso: el bienestar docente nace del cuidado personal, del apoyo mutuo y de la certeza de que nadie camina solo.
Clausura: Cierre lleno de ánimo y esperanza
El Congreso concluyó con las palabras del Hno.Capuchino y Coordinador del Equipo de Titularidad, Javier Morala y del Ministro Provincial Carlos Coca, quienes ofrecieron un mensaje cargado de ánimo, gratitud y esperanza. Ambos recordaron que el carisma capuchino es una tarea compartida por todos los que formamos parte de los Colegios Capuchinos: docentes, personal no docente, familias y alumnado.

Subrayaron la importancia de mantener vivo el carisma franciscano, de hacer de cada colegio una casa donde se respire sencillez, fraternidad, alegría y cuidado mutuo; un lugar donde el ideal de vida de Francisco de Asís —la paz, la cercanía, la humildad, la mirada compasiva hacia toda criatura— pueda hacerse realidad en gestos cotidianos.
Carlos Coca recordó también que el carisma se aprende viviéndolo, en la forma de relacionarnos, de enseñar, de acompañar y de estar presentes. Invitó a todos y a todas a disfrutar de las cosas pequeñas, a valorar lo sencillo, a cultivar la alegría y a seguir construyendo comunidad. Y, sobre todo, a hacer que el carisma capuchino continúe, se renueve y se transmita con autenticidad a las nuevas generaciones.

“Este Primer Congreso es solo el comienzo, un primer paso que anima a seguir creciendo juntos, a fortalecer la identidad capuchina y a cuidar lo esencial”
Cuando sus palabras llegaron a su fin, la sala volvió a escuchar, suave y reconocible, la sintonía creada por Alberto de Paz al inicio del Congreso. Aquella melodía sencilla, nacida de la participación de todos, se convirtió en el mejor símbolo para cerrar la jornada: un recordatorio de que el camino franciscano —hecho de cuidado, fraternidad y esperanza— sigue vivo cuando cada uno aporta su tono.
Así terminó el encuentro, con la certeza de que esa armonía seguirá sonando en cada uno de nuestros colegios.
Un saludo de Paz y Bien.
Colegio San Antonio (Santander)