Cada año, nuestro colegio se llena, como franciscanos que somos, de uno de los signos más bonitos, tradicionales, familiares y espirituales de los que podemos disfrutar, el belén.
Este artículo recuerda que el corazón de los colegios capuchinos late gracias a sus docentes: profesionales que enseñan, acompañan, median, escuchan y sostienen realidades cada vez más complejas.
La espiritualidad franciscano-capuchina siempre nos ha recordado que el ser humano no está hecho para vivir aislado, sino en relación fraterna con los demás.
En los Colegios Capuchinos la educación no es solo enseñanza: es acompañar, acoger y tender la mano a quienes más lo necesitan. Porque cada gesto solidario abre caminos de esperanza en la vida de nuestros alumnos y sus familias.