ay instituciones educativas cuya historia no se limita a ser contada, esta se respira y se vive. El Colegio San Buenaventura de los Hermanos Menores Capuchinos es una de ellas. Sus 125 años no son una cronología de fechas, sino una memoria compartida por miles de alumnos, frailes, profesores y familias que han hecho de este centro un hogar donde, como reza su lema, se han ido entretejiendo los hilos inseparables de la Ciencia y la Virtud generación tras generación.
Nuestro Colegio Capuchinos Murcia está de celebración, mejor dicho, de celebraciones. Este curso celebramos el 800 aniversario de la muerte de S. Francisco, el 410 aniversario de la llegada de los primeros Capuchinos a Murcia, el 125 aniversario de la fundación del Colegio S. Buenaventura en Totana y el 75 aniversario de su refundación en Murcia. ¡Enhorabuena, familia escolar!
Una semilla franciscana: llegan los Capuchinos a Murcia
Los primeros frailes Capuchinos llegaron a esta tierra en el año 1616, hace 410 años, y fundaron el primer convento donde, al parecer, empezaron a facilitar la enseñanza de las primeras letras a los pequeños murcianos necesitados de formación durante el s. XVII y principios de XVIII.
El Colegio de San Buenaventura en Totana: el germinar de una semilla fecunda
El germen se desarrolló en Totana, en 1900, cuando un pequeño grupo de capuchinos recién instalados en un convento alcantarino, reconstruido con esfuerzo, fe e ilusión, escuchó la petición de varios padres de familia que solicitaban para sus hijos una formación científica y religiosa. A partir de ahí, el P. Melchor de Benissa puso en marcha un colegio sorprendentemente avanzado para su época con biblioteca, museo de historia natural, observatorio astronómico, gabinete de física, telegrafía sin hilos e incluso imprenta propia que llegó a editar revistas religiosas de difusión regional y nacional.
Aquel colegio de Totana marcó a toda una generación de murcianos y vecinos de otras provincias, pero la historia dio un vuelco con la prohibición de la enseñanza religiosa en 1936. El colegio cerró, y en la memoria quedaron también los nombres de los religiosos capuchinos, algunos mártires beatificados, cuyo testimonio de fe forma parte de la identidad que hoy pervive.
El retallar de la semilla: Murcia, 1949
Años después, acabada la guerra civil, diversas personalidades murcianas, incluido el alcalde Agustín Virgili, pidieron el regreso de los Capuchinos. Esta vez, la semilla germinaría en Murcia, primero en la Casa Zapata (1949) de la mano del P. fray Estanislao de Guadasuar y gracias a la intervención del P. Provincial, el P Melchor de Benissa, el que fuese primer rector en Totana; y después, desde 1951, la semilla capuchina retalló en el actual edificio de la Plaza Circular. Aquellos primeros cursos se recuerdan casi épicos y legendarios; las aulas aún por terminar, frailes y alumnos compartiendo mesa con lo que cocinaban las hermanas Capuchinas, un internado lleno de vida, celebraciones y actividades que aunaban formación, comunidad, espiritualidad cristiana y disfrute. El colegio creció rápidamente y aparecieron los símbolos de identidad que reforzaron el sentido de pertenencia al Colegio y el proyecto educativo capuchino. Nacieron, el escudo colegial, la bandera, la Archicofradía del Cordón Seráfico, la medalla de la Divina Pastora y su himno.
Hacia el fin de siglo: modernización, pastoral y comunidad
Las décadas de los ´70, ´80 y ´90 fueron un estallido de creatividad, fe y actividad educativa. Se renovaron métodos, se ampliaron espacios, se publicó la revista Memoria Escolar y el Centro se abrió al alumnado femenino en cursos superiores. Pero si algo marcó a generaciones enteras fue la pastoral juvenil; la misa de jóvenes, convivencias, grupos de catequesis, de comunión, de confirmación, de post confirmación, encuentros de jóvenes y familias, viajes a Asís y la creación del Grupo Scout San Francisco de Asís en 1971, una nueva experiencia educativa y espiritual con sello franciscano.
Frailes como el P. Ramón Gil Alcázar, el P. Clemente Trescolí, el P. Miguel Ros o el P. Félix Cámara, con su inseparable banjo y su espíritu acogedor, marcaron una época dorada y una pastoral cercana que transformó generaciones. Fue también un tiempo de grandes y míticos maestros y profesores como D. Monserrate, el P. Benjamín, D. Pedro Olivares, D. Francisco Pérez, D. Francisco Vivo Molina, Dña. Resu Gea, Dña. Susi López, Dña. Mª Victoria Meseguer, Dña. Rosa Alejandre o Dña. Sonia Fuster, entre otros muchos que fuimos llegando después. E inolvidables también, los que hacían posible y hogareño el día a día en el Colegio, Antonio “el Campanas”, Jesús Córdoba y Pepe Aniorte, Basi, Fuensanta y Fina, el “Nani” o Fray Ángel Aniorte.
La vida colegial se hacía presente también en el teatro, la música, el cine, el deporte y las excursiones que hicieron del aprendizaje una experiencia integral.
Nace una parroquia con arte contemporáneo franciscano
Entre 1973 y 1980 se levantó con el impulso creativo del capuchino P. Mario Mesa y de artistas murcianos la actual Parroquia de San Francisco de Asís y Ntra. Sra. de los Buenos Libros. Es un templo de trazo contemporáneo que reúne obras de gran categoría y originalidad como es el retablo cerámico del Cántico de la Creaturas y las vidrieras de P. Borja, la talla de San Francisco y la Virgen de los Buenos Libros de González Moreno, grandes cuadros pirograbados y el Vía Crucis de JM. Párraga, el Cristo de la Fe de A. Dorrego, … La iglesia es también el corazón celebrativo del colegio. Allí se reúnen cada curso miles de alumnos y familias para orar y celebrar San Francisco, Adviento y Navidad, Confirmaciones, imposición de la Tau, despedida e imposición del escudo y beca a los alumnos al finalizar COU o Bachillerato, … Y en la comunidad parroquia-colegio también nació en 1999 la Cofradía del Cristo de la Fe.
Del cambio de titularidad a la modernización pedagógica
En 1996, la Orden de los Capuchinos traspasó temporalmente la titularidad y gestión a una sociedad educativa privada, Escuelas S. Buenaventura SL., manteniendo la pastoral del Colegio. En 2011, los Capuchinos recuperaron la titularidad e impulsaron una etapa de reformas, actualización metodológica, digitalización e integración familiar, además de la creación de una nueva etapa para pequeños de 2 años, “Capuchinos Escuela Infantil”, basada en una metodología bilingüe musical, así como la intensificación de itinerarios de inglés, de programas y experiencias educativas.
La vida escolar se ha mantenido dinámica, activa y enriquecedora a través de los coros, la coral San Buenaventura desde 2001, grupos de teatro como “Greccio”, salidas y visitas, proyectos propios, de la Consejería y europeos como Comenius, incluida la película The Mystery of Europe; así como un fuerte compromiso con el desarrollo de actividades extraescolares y complementarias, como el deporte, que ha dado alegrías a lo largo de las distintas temporadas, la música, teatro, danza o robótica. Y por supuesto, las actividades pastorales, como convivencias, celebraciones religiosas y sacramentales, interioridad u oración, …, cuyo objetivo es el desarrollo y profundización en la fe en Dios y la devoción a la Virgen María teniendo como referencia los valores y la vida de S. Francisco de Asís.
María en el corazón del Colegio: un colegio mariano
La devoción mariana es un pilar básico de la biografía del Centro; la devoción a la Virgen de los Buenos Libros llegada a Murcia en 1962 y recién restaurada este curso, a la Inmaculada del escultor Campillo regalada por los alumnos al P. Rector en los años ´50, a la Divina Pastora, protectora del deporte en el Colegio por ser una querida advocación de los Capuchinos; a la Virgen de la Fe procedente del convento capuchino de Orihuela y a Santa María de los Ángeles de la Cofradía del Cristo de la Fe. Cada día de la Inmaculada y en el mes de mayo, la comunidad entera se reúne en oración y le ofrece sus flores a la Virgen, Madre y protectora en cualquiera de sus advocaciones.
Mirando adelante: un Colegio preparado para las personas del futuro
Conocer el pasado y vivir el presente nos permite soñar el futuro. Hablar del futuro del Colegio San Buenaventura es, en realidad, hablar de su capacidad histórica para renovarse y adaptarse sin perder su espíritu. Nuestro Colegio ha sabido adaptarse a cambios sociales, pedagógicos, tecnológicos y legislativos, atravesando diez leyes educativas distintas sin perder nunca su objetivo, “educar en ciencia y virtud”, es nuestro lema; una síntesis que hoy resulta más actual que nunca y válida para un futuro. Y esto, nos lleva a una reflexión y compromiso.
Una tradición que empuja hacia adelante
El Colegio no mira al futuro desde cero, sino desde 125 años de experiencia combinando innovación, cultura, pastoral y comunidad; de la telegrafía sin hilos o el observatorio astronómico de Totana a la digitalización actual; del grupo de teatro y el cine educativo a la coral y a los proyectos educativos; de la devoción mariana y la vida sacramental a programas de interioridad e inteligencia emocional. Una tradición en la que perviven: innovación, sensibilidad artística, vida pastoral y emocional, y una visión profunda de la educación como transformación personal y social.
Esta trayectoria evolutiva constituye una plataforma empírica para un futuro impreciso; es decir, si el mundo cambia hacia un futuro complejo, el Colegio S. Buenaventura lleva más de un siglo entrenándose para cambiar con sentido y adaptarse.
Innovación como modo de ser, no como moda
La innovación en el Colegio es una constante. Frailes, maestros y profesores, han sido impulsores de creatividad, han mostrado que educar es también inventar, crear, interpretar, dialogar con el mundo. Las experiencias educativas, proyectos, actividades extraescolares, convivencias y celebraciones, anticipan el perfil competencial que necesitarán nuestros alumnos como el pensamiento crítico, la creatividad, trabajo en equipo, comunicación efectiva, autoestima, fe, espiritualidad y sensibilidad global.
-Una comunidad educativa cohesionada y resiliente
El futuro no lo garantiza un plan, sino una comunidad. Frailes, profesores, familias, alumnos, AMPA, antiguos alumnos y el personal no docente, conformamos una familia que hace, en la vida cotidiana, que nos sintamos en un hogar. Una comunidad que ha ido demostrando su resiliencia ante retos, como ocurrió hace poco en la pandemia, cuando el Centro se tuvo que reinventar para sostener la enseñanza y el acompañamiento familiar. La comunidad escolar es el recurso más valioso de cara a los desafíos futuros.
Educación emocional, espiritual y social
El Colegio desarrolla programas que hoy la pedagogía contemporánea identifica como claves de la educación del futuro; trabajamos la Inteligencia emocional (PIEV), Interioridad (Proyecto “Lebab”), la Caridad, el compartir mediante campañas de solidaridad de la mano de GuSo, nuestra mascota (Gusano Solidario), y los proyectos sociales y solidarios de SERCADE (SERvicio CApuchino para el DEsarrollo); así como la formación religiosa y espiritualidad franciscana como escuela de empatía, paz, ecología integral, trascendencia y fraternidad universal.
Estas dimensiones preparan a los alumnos para afrontar los desafíos del siglo XXI: salud mental, convivencia intercultural, ecología, cooperación, gestión emocional, pensamiento ético y moral, transcendencia espiritual y compromiso social. La educación futura no requerirá solo transmisión de contenidos, sino formación de personas equilibradas y capaces de construir futuro. Y en eso, el Colegio ha marcado el camino.
-Preparar al alumno para un mundo que aún no existe
En la experiencia, ideario y misión del Colegio, subyace un principio que sintetiza su proyección futura, la educación debe preparar para la vida, no solo para un sistema académico. Los valores esenciales que el Colegio promueve para el futuro, como son verdad, empatía, autenticidad, responsabilidad, compromiso, compasión fraternal y amor a Dios y al prójimo, coinciden con la mayoría de las llamadas competencias blandas que lideran los informes internacionales sobre educación del futuro. Estos valores son la mejor garantía para capacitar a nuestros alumnos para adaptarse a trabajos que aún no se han inventado, a tecnologías que aún no existen y a realidades sociales en continua transformación.
Personalización real del aprendizaje
La atención a la diversidad, a las altas capacidades, el apoyo específico, la personalización educativa y el acompañamiento cercano y afectivo o la orientación vocacional con sentido, son garantía de la educación de la persona. Educar a la persona del futuro significa educar en libertad interior, criterio, autoconocimiento, autoestima, sentido y servicio, elementos profundamente ligados al ideario franciscano.
Una esperanza fundamentada
A la luz de su pasado y del presente, el futuro del Colegio San Buenaventura puede aventurarse en base a tres conceptos:
.Continuidad; ya que permanecerán los valores franciscanos que han perdurado 125 años.
.Renovación. La capacidad de modernizarse o actualizarse sin perder identidad seguirá siendo su rasgo.
.Profecía. Su modelo educativo, centrado en la persona, en la espiritualidad humanizadora cristiana, en la ciencia crítica y en la virtud, responde por adelantado a las necesidades del mundo que está por llegar.
Y si se me permite, me gustaría concluir añadiendo que, el Colegio San Buenaventura de Murcia tiene futuro porque
ha demostrado resiliencia,
mantiene su identidad y espíritu franciscano,
cultiva ciencia con conciencia,
cuida la interioridad y la inteligencia emocional,
fomenta la solidaridad global y la fraternidad,
impulsa la innovación pedagógica de verdad,
y sostiene una comunidad viva de fe, familia fraterna y alegría.
Así pues, agradecido a todas las personas que han hecho realidad estos 125 años de historia del Colegio, creo que los próximos 125 años serán posibles gracias a los niños y jóvenes que seguirán caminando por sus pasillos, viviendo en sus aulas y patios; a la comunidad que los acogerá y educará y, sobre todo, gracias a la semilla educativa y franciscana que tantos han sembrado antes. Pero nuestro Colegio no solo enseñará a adaptarse al futuro, seguro que educará a las personas para transformarlo y crear un mundo mejor desde la fraternidad, la alegría, el servicio y la búsqueda de la paz y el bien común.
Para conocer más, puede leer:
“CIENCIA Y VIRTUD” Apuntes para la historia del Colegio San Buenaventura de Capuchinos en Murcia:
Francisco J. Vivo García, maestro del Colegio desde 1985