Este curso, en el Colegio San Antonio, hemos tenido la oportunidad de desarrollar un modelo de docencia compartida en segundo de Educación Primaria que ha supuesto una experiencia profundamente enriquecedora, tanto a nivel profesional como personal. Desde la mirada de la tutora del grupo y desde la experiencia de la profesora PROA que se incorpora a las aulas, esta forma de trabajo nos ha permitido repensar la enseñanza, el acompañamiento al alumnado y el valor del trabajo en equipo dentro de la escuela.
Para la tutora, ha sido la primera vez que vivía una experiencia de docencia compartida en su aula con niños y niñas de 7 y 8 años. La presencia de otra docente dos días a la semana no ha supuesto una ayuda puntual, sino una verdadera oportunidad de trabajo conjunto, reflexión compartida y mejora educativa. Enseñar acompañada ha transformado la manera de observar al alumnado, de organizar las sesiones y de responder a las necesidades reales del grupo.
Desde la perspectiva de la profesora PROA, el inicio estuvo marcado por una mezcla de ilusión y respeto. Ilusión por poder trabajar con alumnado de diferentes etapas y compartir aula con tantos compañeros y compañeras, y respeto por el reto que suponía entrar en espacios con dinámicas ya consolidadas.
La organización en el aula ha sido clave para el buen funcionamiento de esta experiencia. En el área de Lengua, uno de los días se ha dedicado al trabajo del Plan Lector a través del libro Amanda Chocolate, siempre desde un enfoque gamificado. Algunas semanas se combinaba la lectura y comprensión lectora con juegos activos relacionados con el texto, permitiendo al alumnado aprender desde la emoción y la cooperación.
Otras semanas se trabajaba con herramientas digitales, reforzando la atención y la comprensión de forma motivadora y adaptada a cada alumno.
En Matemáticas, la docencia compartida ha permitido una mayor flexibilidad organizativa. En algunas sesiones se han realizado actividades de robótica desenchufada, fomentando el pensamiento lógico, la resolución de problemas y el trabajo en equipo. En otras, una docente guiaba la explicación en gran grupo mientras la otra ofrecía apoyo más individualizado, resolviendo dudas, reforzando contenidos o adaptando tareas para el alumnado con necesidades educativas especiales.
Esta forma de trabajar ha tenido un impacto muy positivo en el clima del aula. Al haber dos docentes, se reducen los tiempos de espera, y las actividades pueden ser más ricas, manipulativas y cooperativas, sabiendo que siempre hay una mirada que observa, apoya y acompaña.
Desde el punto de vista docente, la experiencia también ha sido profundamente enriquecedora. Compartir aula permite reflexionar sobre la práctica diaria, aprender nuevas estrategias, sentirse más acompañada y perder el miedo a “no llegar a todo”. Observar otras maneras de explicar, de gestionar el aula y de relacionarse con el alumnado amplía la mirada profesional y mejora la propia práctica.
¿Existen aspectos negativos?
Desde nuestra experiencia, no consideramos que la docencia compartida perjudique el aula. Eso sí, requiere organización, comunicación y una clara voluntad de trabajo en equipo. Es fundamental compartir objetivos, normas y enfoque educativo. Cuando existe coordinación y respeto mutuo, la docencia compartida no resta, sino que suma.
Como conclusión, esta primera experiencia de docencia compartida en segundo de Primaria ha sido muy positiva. Ha mejorado la calidad de la enseñanza, el bienestar del alumnado y la satisfacción profesional de ambas docentes. Más allá de una metodología, la docencia compartida se presenta como una forma de entender la escuela: más colaborativa, más inclusiva y, sobre todo, más humana.
Isabel Lozano - Mercedes Martínez - Colegio San Antonio Cuatro Caminos