Sin embargo, la realidad es mucho más profunda: hablamos de un desarrollo personal global que se manifiesta en capacidades tan concretas como comunicarse con seguridad, gestionar la frustración, expresar emociones de forma adecuada o reaccionar con calma ante los imprevistos. Son herramientas vitales que, a pesar de su importancia, suelen ser las grandes ausentes en la planificación habitual de las aulas.
En el Colegio San Antonio (Capuchinos) de Santander, estas competencias sí se trabajan de manera sistemática. Desde hace años, el centro desarrolla el Programa de Habilidades Sociales y Habilidades para la Vida, una propuesta orientada a la gestión y mejora de la conducta y de las emociones, que permite entrenar de forma estructurada aquellas capacidades necesarias para desenvolverse con mayor autonomía en la vida diaria.
La apuesta por este programa no responde exclusivamente a criterios pedagógicos, sino también a un espíritu educativo profundamente ligado a la identidad capuchina, que entiende la educación como formación integral de la persona.
Ese enfoque se inspira en valores como la sencillez, la cercanía y la atención a quienes más lo necesitan, propios de la tradición capuchina.
En ese sentido, trabajar las habilidades sociales es también una manera de reforzar la convivencia, la solidaridad y el respeto mutuo, pilares de la vida en comunidad. El programa, por tanto, prepara al alumnado para desenvolverse con más autonomía, al tiempo que contribuye a construir un entorno escolar más humano y cohesionado, acorde con el legado de la orden capuchina y la figura de San Francisco.
Atención a la diversidad
El programa forma parte del Plan de Atención a la Diversidad y está dirigido especialmente a un grupo de alumnos que requieren un entrenamiento explícito en su desarrollo personal y social. Aunque su aplicación beneficia al conjunto del alumnado, se centra en aquellos estudiantes que presentan mayores dificultades para relacionarse de manera adecuada, formar parte de un grupo de iguales, establecer contacto y comunicación o desenvolverse con seguridad en la sociedad que les rodea.
La razón es sencilla: la socialización permite que muchas personas adquieran estas habilidades de forma espontánea, pero no ocurre así en todos los casos. Del mismo modo que está plenamente normalizado ofrecer refuerzo en áreas instrumentales como matemáticas o lengua, resulta igualmente necesario identificar y atender a quienes precisan apoyo específico en habilidades sociales y para la vida.
Este programa se ha convertido en una auténtica seña de identidad del centro. Además, el Colegio convive con aulas del centro de educación especial El Molino, especializado en alumnado del espectro autista. El equipo directivo y el profesorado son plenamente conscientes de que estas realidades hacen imprescindible ofrecer respuestas educativas ajustadas, entre las que destaca el trabajo explícito y planificado de las habilidades sociales. En otras palabras, según el ejemplo de San Francisco, atender a quienes más lo necesitan.
Un enfoque práctico y funcional
El programa se diseñó con un marcado carácter práctico. Su objetivo es mejorar la conducta, las habilidades sociales y las competencias necesarias para la vida diaria, trabajando situaciones reales como conocer el entorno, realizar compras, manejar dinero, utilizar servicios comunitarios o participar en actividades de ocio y tiempo libre.
Por ello, es habitual ver a grupos de alumnos en el huerto escolar, en la cocina preparando el desayuno que después compartirán con sus compañeros, o en las calles del entorno realizando entrevistas a vecinos que más tarde sonarán en la radio del colegio, Radio Capuchina. También se llevan a cabo actividades como acudir a centros culturales para informarse de la programación, hacer el carné de la biblioteca, conocer el mercado de abastos, utilizar el autobús urbano, sacar dinero del cajero o planificar una compra siguiendo una receta en trabajo cooperativo.
Nuria González - Profesora del Colegio San Antonio (Capuchinos) de Santander