En la carta apostólica del Papa Francisco sobre el significado y el valor del belén “Admirabile signum”, nos dice de una forma muy bella que “San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo”.
Pues siguiendo estas palabras, cada año, nuestro colegio se llena, como franciscanos que somos, de uno de los signos más bonitos, tradicionales, familiares y espirituales de los que podemos disfrutar, el belén.
Este pasado curso, en los pasillos de nuestro colegio, donde la enseñanza académica se une con la vivencia espiritual, la representación del nacimiento de Jesús se plasmó en las paredes siguiendo distintos pasajes de la Biblia:
- La Anunciación del Ángel a María (Lc. 1,31)
- La Visitación de María a su prima Isabel (Lc. 1, 42)
- La espera de Jesús (Lc. 1, 78-79)
- El anuncio a los pastores (Lc. 2, 12)
- La estrella (Mt 2,9)
- El Nacimiento (Lc. 2, 10)
- Los Reyes Magos (Mt. 2, 12)
Pero al ser algo tan especial para Francisco, no pudo faltar hacer el guiño franciscano, ya que cada una de estas escenas se pudieron ir siguiendo de la mano de Francisco y de Clara, ellos, representados en un material tan amable como la gomaeva, son los que nos hablaron del evangelio, y ellos fueron lo que nos recordaron en cada esquina “por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve”, como dice el Papa en su carta, ya seamos mayores o pequeños.
Y para hacer esto, no pudo faltar la vivencia de la fraternidad; la participación de todo el profesorado ayudó a transformar los pasillos en un espacio de celebración, que tanto a nivel visual como espiritual evocó el misterio y la alegría de la Navidad. Es necesario subrayar la unidad del Claustro: el éxito de esta jornada no habría sido posible sin el compromiso del profesorado.
Este trabajo colaborativo y cooperativo evidenció que la enseñanza no se limita al aula, sino que se extiende al acompañamiento espiritual y personal de los alumnos en todo momento. Por eso, fuimos los profesores los que nos convertimos en agente de nuestro propio proceso de enseñanza, los materiales más dispares iban y venían de unas manos a otras, los personajes iban tomando forma y ocupando las paredes, unos a otros nos ayudábamos en la tarea “cantando la vida” que esa tarde tomó forma de belén sin faltar los villancicos y el sonido de la guitarra. Y como en nuestras propias casas, el belén quedó más que inacabado, a la espera, como María, latente, porque, aunque el montaje del mismo tiene que adelantarse en el tiempo y meterse en mitad del Adviento, hasta la última semana el Niño no ocupa su lugar. Qué sería de la preparación de un belén sin la espera, qué sería de la experiencia del Adviento sin dejar el hueco que se llenará en la última semana y así lo hicimos, y la imagen recortada del Niño Jesús volvió a desaparecer, aún no había llegado el momento.
El resultado final no solo embelleció los pasillos del colegio, sino que se convirtió en un espacio de contemplación para toda la comunidad escolar. Familias, alumnos y profesores recorrieron durante las jornadas del adviento y los días previos a la Navidad, las escenas del belén recordando que Jesús nació en la sencillez de un pesebre para traer un mensaje de paz y salvación. Este proyecto recordó que la misión de un colegio no es solo formar mentes sino también corazones abiertos al amor y a la esperanza.
Begoña García Mateos. Maestra Educación Infantil.
Colegio San Buenaventura Capuchinos Murcia