Si tuviera que pensar en un proyecto educativo capaz de adaptarse realmente a las características de nuestro alumnado, no tendría ninguna duda: crearía algo muy cercano al programa PROA+. Un programa que nace de la realidad de los centros. Que pone el foco en la persona y que busca acompañar, apoyar y dar oportunidades, sobre todo a aquellos alumnos y alumnas que más lo necesitan.
El programa PROA+ es una iniciativa orientada a apoyar a aquellos centros que escolarizan alumnado en situación de vulnerabilidad, con el objetivo de garantizar la equidad, prevenir el abandono escolar y favorecer el éxito educativo. A través de una planificación flexible y contextualizada, PROA+ permite desarrollar actuaciones ajustadas a cada realidad concreta, siempre desde una mirada inclusiva y personalizada.
Nuestro centro -San Antonio, Madrid- participa en el programa PROA desde sus inicios, y con el paso del tiempo se ha convertido en una herramienta fundamental para avanzar en nuestro proyecto educativo. Profesores, familias y, sobre todo, el alumnado se ha visto claramente beneficiados gracias a la puesta en marcha de las llamadas actividades palanca, actuaciones educativas planificadas de manera intencionada para provocar un impacto real y positivo en el aprendizaje, la motivación y el bienestar del alumnado.
En este contexto, el pasado mes de octubre se celebró en Navarra el III Congreso PROA+ de ámbito nacional, un espacio de encuentro y reflexión en el que centros de distintas comunidades autónomas compartieron experiencias, buenas prácticas e iniciativas desarrolladas desde la innovación, la creatividad y la vocación educativa. Tuve la oportunidad de asistir como director del centro, formando parte del equipo de la Comunidad de Madrid, una invitación que viví con una profunda alegría personal y profesional y que supone, sin duda, un reconocimiento al trabajo que nuestro centro viene realizando desde hace años en la atención y el acompañamiento del alumnado en situación de mayor vulnerabilidad.
El congreso supuso una experiencia muy enriquecedora: escuchar a otros centros, conocer proyectos que funcionan y comprobar cómo, desde realidades muy diversas, es posible dar respuestas eficaces al alumnado que acompañamos cada día. Merece una mención especial el modo en que muchas de estas experiencias fueron compartidas, de la mano de profesionales con un gran talento para desempeñar su labor y, sobre todo, con un profundo amor por una profesión tan vocacional como la de maestro. Sus exposiciones, mostraban prácticas que no solo mejoran resultados académicos, sino que transforman la convivencia, refuerzan la autoestima del alumnado y cuidan a quienes más lo necesitan.
La experiencia comenzó incluso antes de llegar a Navarra.
El primer viaje en tren junto a otros compañeros y compañeras de la Comunidad de Madrid se convirtió en un momento de presentaciones para conocernos y situarnos, tanto entre los centros seleccionados para presentar sus buenas prácticas como para poner rostro a las personas que, desde dentro de la Consejería, trabajan cada día para que los proyectos educativos puedan salir adelante. A este primer instante se fueron sumando momentos como los desayunos y las cenas compartidas, espacios más distendidos en los que, más allá del programa oficial, pudimos conversar con naturalidad, conocernos mejor y compartir experiencias desde el trato cercano y el tú a tú, valorando el esfuerzo y la dedicación de tantas personas que trabajan con compromiso y hacen bien su labor al servicio de la educación.
Durante el congreso tuvimos también la oportunidad de visitar el Colegio Amor de Dios de Burlada, donde conocimos de primera mano una buena práctica enmarcada en el programa PROA+: las tutorías individualizadas.
Esta iniciativa se centra en el acompañamiento cercano y personalizado del alumnado y sus familias, especialmente de aquellas que requieren un mayor apoyo, a través de un seguimiento sistemático y coordinado que atiende tanto al desarrollo académico como al emocional y social. La visita resultó especialmente enriquecedora no solo por la experiencia compartida, sino también por la excelente acogida recibida, ya que el equipo del centro nos abrió sus puertas con cercanía, generosidad y una gran disposición para explicar su trabajo.
La experiencia tuvo una acogida muy positiva por parte de las personas que se acercaron a interesarse por la actividad.
En estas conversaciones pude poner en valor que nuestro centro nació como escolanía y que esa identidad sigue viva hoy, adaptada a los nuevos tiempos, ofreciendo oportunidades reales a muchos alumnos y alumnas para sentirse parte de un grupo, ganar autoestima y crecer juntos a través de la música.
Para finalizar indicar que el programa PROA+ se muestra como una herramienta imprescindible para centros como el nuestro, en los que la diversidad y la vulnerabilidad forman parte de la realidad cotidiana. Experiencias como el congreso celebrado en Navarra reafirman que, cuando se apuesta por las personas y se trabaja en red, la educación se convierte en una verdadera oportunidad de transformación.
Luis Sebastián Montero. Director Colegio San Antonio de Cuatro Caminos (Madrid)